La tragedia
de armero el 13 de noviembre de
1985; fue la más grande catástrofe en la historia de Colombia.
En 1895, se fundó en el departamento de Tolima un
municipio llamado Armero Guayabal, este cabildo con poca población empezó a
crecer notablemente, tanto que en 1985 cumplía 90 años. En dicho año todo era
alegría, armonía, unión y esperanza de seguir con su desarrollo, ya que era
considerado el más próspero del norte del Tolima por sus grandes plantaciones
de algodón y arroz. Pero no contaban con que el majestuoso volcán ubicado cerca de su tierra estuviera activo y
preparándose para atacarlos con alevosía.
El municipio de Armero Guayabal, fue sorprendido
por un desastre natural producto de la erupción
del volcán Nevado del Ruiz que está
situado a menos de 50 km, tras sesenta y nueve años de inactividad, el cráter
del volcán envió cuatro lahares,
flujos de lodo, tierra y escombros producto de la inactividad volcánica a 60
km/h, muriendo más de la mitad de sus habitantes.
El símbolo insigne del apocalipsis de la tragedia
y que acaparo los lentes expectativos de las cámaras de televisión fue la
pequeña Omayra Sánchez, una víctima más, con apenas 13 años de edad. Que estuvo
cubierta de lodo hasta el cuello, durante tres días permaneció esperando la
muerte, sin ayuda porque comprobaron que era imposible, para sacarla
necesitaban amputarle las piernas o una moto bomba, pero no había.
El hermoso Armero solo está en recuerdos de
quienes, esa era su tierra natal porque
para los demás solo existen fotos desgarradoras las cuales afligen a cualquier
persona y fue gracias a esas fotografías que llegaron ayudas de otras ciudades
y países, que no fueron a tiempo porque esta calamidad fue conocida el 14 de
noviembre, pero en los medios de comunicación fue el 15 de noviembre, cuando ya
muchas más personas habían muerto
Pero uno de los puntos más relevantes que
iniciaron controversia fueron las críticas para el gobierno, sobre el grado de
la responsabilidad en la catástrofe, ya
que los habitantes de armero no habían sido avisados para tomar precauciones y
no le dieron la importancia requerida.
Como muchos sabemos los años 80 y 90, Colombia
enfrento una violencia pujante y diaria; antes de la avalancha, en los
periódicos solo se mostraba: secuestro, narcotráfico, terrorismo y Matanzas. En
la semana de la tragedia, los medios de comunicación se olvidaron de esa maldad
en desarrollo y cedieron la primera plana al municipio de Armero. Pero como es muy normal Colombia es un país sin
memoria y rápidamente se olvidó del problema que sufrió una parte de su pueblo.
Y la ciudad que hace casi 29 años olía a mango biche mezclado con el humo de los buses de Rápido
Tolima, a café y a la esencia de la papaya verde que traía consigo la brisa del
Río Lagunilla; ahora huele a soledad.
“la culpa no fue del Ruiz, ni de Dios, ni de la
mala suerte (ni el noviembre negro) de 1985, tampoco es una maldición o de un
infortunio escrito de las estrellas, es del gobierno de don Belisario” según Javier
Darío Restrepo, periodista.